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Warning: session_start(): Session cannot be started after headers have already been sent in /home1/eurocine/2021.eurocineecuador.com/wp-content/themes/framed/header.php on line 11 Recordando a Agnés – Eurocine 2021
No se puede hablar de cine europeo sin mencionar a Agnès Varda. Figura indispensable en la Nouvelle Vague Francesa, que, sin embargo, hasta hace poco permaneció oculta por el simple hecho de ser mujer. Su mayor dificultad, declaró alguna vez, fue “no renunciar a la maternidad, ni al cine, ni a los hombres”. Aunque el cine fue su principal herramienta de expresión, indagó en la fotografía, la instalación, entre otras plataformas. Mirar fue su pasión. Sus ojos transformaban lo cotidiano en poesía. “No estoy fuera de la cámara, estoy dentro de ella”, solía decir. A propósito de su muerte reciente, Alexandra Cuesta hace un repaso por su vida y su obra.
Hablar del cine de Agnés Varda es hablar también de un espíritu de resiliencia, de eterna juventud y de constante curiosidad, desde ahí se puede explicar su inextinguible creatividad durante casi siete décadas. “Soy curiosa. Punto. Encuentro interés en todo. En la vida real. En la vida falsa. Objetos. Flores. Gatos. Pero más que nada en personas. Si tienes los ojos abiertos y la mente abierta, todo es interesante. El secreto es que no hay secreto.”
Su vida, entrelazada con las imágenes que creaba, hacen recuento de una introspección poética y social, y así mismo de su gran placer: mirar. Desde ahí, Varda nos deja un cine que materializa lo íntimo, lo interior, y lo impalpable.
Tres fechas marcan su vida, 1928, la de su nacimiento, 1954 su inicio en la carrera cinematográfica, sin que medie una educación formal, y 2019, el año que inscribimos su memoria. Durante una charla que dio en sus últimos años, Varda explicaba no sentirse identificada cuando constantemente la describían como una artista que ha llegado a la cima, o que ha alcanzado maestría, para ella, el concepto del logro connotaba algo que ha terminado. A pesar que en la última década recibió varios honores por su carrera, como Premio de Trayectoria en el Festival de Cannes y en el Berlinale, y un Oscar Honorario por su vida creativa (siendo la primera mujer en la historia en obtener ese premio), en ese momento a sus 85 años sentía que estaba lejos de haber finalizado. Efectivamente, sus últimos cinco años de vida los dedicó a viajar con el artista JR y juntos produjeron Visages/ Villages (2017), un documental que registra sus interacciones con diferentes personajes en la Francia rural.
Estos elogios del mainstream, como lo llamaba ella, nunca fueron su motivación como creadora, y aunque no formaban parte de su motor creativo tampoco fueron una constante durante su carrera.
A pesar de que hoy es conocida como la abuela de la Nouvelle Vague, hasta hace poco su trabajo fue invisibilizado dentro de la historia del cine por la presencia y el reconocimiento constante a sus colegas masculinos Godard y Truffaut, quienes por largos años se sostuvieron como iconos de ese movimiento. No hace mucho que el lente de la crítica enfoca y se detiene en su primer largometraje, Le Point Courte (1954), filmada cinco años antes de las películas seminales de sus contemporáneos, es decir, precursora de esa escuela.
Y es que, de cierta manera, Varda, siempre trabajó desde la periferia, a su propio ritmo, perseverantemente y al tiempo reinventándose, y es claro que, en su temática y forma, sus films reflejan este estado. Están hechos desde una visión feminista -ella misma se describía como una “feminista jovial”, y sus películas frecuentemente hacen visible el mundo interior y subjetivo de una mujer. En Cleo de 5 a 7 (1962), su segundo largometraje – observa en tiempo real a una mujer que espera saber los resultados de sus exámenes de cáncer, y mientras como audiencia nos involucramos en la temporalidad cotidiana del personaje, Varda logra transcender el acto narrativo hacia una experiencia afectiva. Frecuentemente en sus films, Varda escoge y se interesa por personajes y por historias que existen en el margen, y a quienes la sociedad ignora, desecha o esconde. Vagabond (1985), tal vez su obra más emblemática dentro de la ficción, tiene como protagonista a una joven mujer indigente quien recorre el sur de Francia en el invierno. El personaje principal es ficticio, sin embrago, Varda juega con elementos documentales, específicamente en su manera de retratar al espacio y al lugar, y también al utilizar testimonios personales como un recurso formal durante la película, dispositivos que investigan a la ficción como un posible documento de lo real. Estas mixturas entre géneros y estilos evidencian en sus films su necesidad de cuestionar la creación de la imagen en sí, como su interés por resaltar la artificialidad en el cine. Al inicio del nuevo milenio y ante la facilidad con las pequeñas cámaras digitales, se abre para esta cineasta una manera de experimentar con el ensayo poético y personal, cuestión que se visibilizan en los documentales Los Espigadores y la Espigadora (2000) y Las Playas de Agnes (2008), quizás los más conocidos de su producción que, que van a la par de sus prodigiosos cortos: Black Panthers (1968), Ulysse (1982), Un minuto por una imagen (1983), entre otros, que forman parte de la cartelera de Eurocine en esta temporada. Esta serie de cortometrajes iluminan su espíritu juvenil y curioso, poético y socialmente consciente, y sobre todo realzan su voz, una voz que celebra y cuestiona, interactúa, ríe y denuncia.
El cine de Varda pareciera haber inspirado a Didi-Huberman cuando en su libro Gestos de aire y de piedra insiste en la importancia de darle pausa a la palabra “dejar el espacio necesario a la sombra que se cierra, al fondo que se vuelva, a la indecisión que es también una decisión del aire”1 . Sus películas hacen justamente esto, dejan espacio para que la palabra y la imagen, ya sean ficcionales, documentales o autobiográficas, respiren y encuentren su ritmo en ese universo que oscila constantemente entre lo ficticio y lo real, lo político y lo lúdico, lo interior y lo exterior.
Cineasta, fotógrafa y artista contemporánea, experimentó a lo largo de su vida con nuevas estrategias narrativas, rompió las convenciones de la ficción y del documental, y mixturó géneros. Por sobre todo, concibió en su arte una mirada honesta, propia e independiente; da cuenta a ello su obra, la cual incluye largometrajes, documentales, una serie de cortos, instalaciones de video, y fotografía.
A pesar de que hoy es conocida como la abuela de la Nouvelle Vague, hasta hace poco su trabajo fue invisibilizado dentro de la historia del cine por la presencia y el reconocimiento constante a sus colegas masculinos
1 Geroges Didi- Huberman, Gestos de aire y de piedra- Sobre la materia de las imágenes, 2017