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Eurocine 2021 https://2021.eurocineecuador.com Festival Thu, 21 Jul 2022 13:38:21 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.9.4 https://2021.eurocineecuador.com/wp-content/uploads/2021/10/2021.svg Eurocine 2021 https://2021.eurocineecuador.com 32 32 cartelera ocho https://2021.eurocineecuador.com/cartelera-ocho/ Thu, 21 Jul 2022 04:19:50 +0000 https://2021.eurocineecuador.com/?p=9013 Anette, un musical oscuro https://2021.eurocineecuador.com/anette-un-musical-oscuro/ Thu, 21 Oct 2021 01:28:21 +0000 https://2021.eurocineecuador.com/?p=8947

Por: Ana Cristina Franco 

 

Fundido a negro. Una misteriosa voz nos habla. Se trata del propio autor que aprovecha los créditos de cabecera para dirigirse a nosotros, los espectadores,  a darnos instrucciones sobre cómo debemos ver su película. A pesar de que veremos un musical, nos prohíbe cantar, corear o aplaudir. “No se tolerará la respiración durante el espectáculo”,  nos advierte con tono imperativo.  

 

La ciudad. Las luces de los autos se deslizan en la noche cerca de lo que parece el exterior de un teatro. Hay tintes de misterio, de modernidad, de ciencia ficción. La imagen se deforma como un electrocardiograma urbano, que late, suena, y amenaza con detenerse o desaparecer. Una falla virtual que evidencia el error, que delata la ficción; casi como si  advirtiera que nada de lo que veremos a continuación será real. 

 

En un estudio de grabación, un hombre de cabello cano y gafas, fuma un cigarrillo frente a una consola, es Leos Carax. Los “Sparks” ensayan los primeros acordes y el director llama a su hija:  “Hey, Nastia, vamos a empezar”.  Entonces , pasando de la oscuridad a la luz, se acerca a él una chica sorprendentemente parecida a su ex esposa Yekaterina Golubeva, quien se suicidó en 2011.  

 

Padre e hija se colan en su propia ficción, dejándonos ver los hilos que sostienen esta compleja trama. 

 

Empieza el show. Los hermanos Ron y Russell Mael dan las pautas del tema más pegajoso del musical,  “So May We Start”.  Los músicos se levantan, y sin dejar de cantar,  salen del estudio junto a las coristas; avanzan hasta la calle,  poco a poco se unen a ellos los actores de la película, Adam Driver, Marion Cotillard y Simon Helberg, quienes encabezan la caravana musical que atraviesa la ciudad nocturna; mientras cantan, los actores se ponen los vestuarios de sus personajes hasta finalmente desprenderse del “coro” para entrar en el territorio de la ficción.  

 

Así comienza Anette, la sexta película del `“enfant terrible” del cine francés, cuyo   

universo no es clasificable, menos aún complaciente ni fácil de analizar para la crítica. Lejos de proponerse una historia lineal, lejos de una dramaturgia clásica pero tampoco tan cerca del surrealismo, Carax crea un lenguaje único que transgrede cualquier estética predeterminada. Una narrativa muy particular que tiene algo de onírico, de horror, de musical, de melodrama, de comedia y de drama.  

 

Anette cuenta la historia de amor entre Herny McHenry, un artista transgresor, políticamente incorrecto, comediante de stand up comedy, y Ann Defrasnoux, una cantante de ópera muy famosa y apreciada por la gente. Mientras Henry es naturalmente violento, y su arte, ácido, como una especie de apología a la crueldad, Ann está rodeada del aura etérea de la ópera; recuerda a una diosa griega que lleva en sus venas el sino de la tragedia. Estos polos se juntan provocando un terremoto cuyo nombre es Anette, una bebé interpretada por una marioneta (que fue manejada por titiriteros en el rodaje) que a pesar de estar hecha de madera y plástico, resulta más humana que sus padres. Todo esto narrado en un escenario onírico, post futurista y raro, en el que los personajes, en lugar de hablar, cantan, creando un discurso angustioso, anti natural, que expresa los matices más sórdidos del ser humano pero a través de las herramientas de la comedia y del show. 

 

La música ha sido siempre una obsesión para Leos Carax. El sentido de sus películas más que en el argumento está en la musicalidad, en el ritmo, en la poesía.  Tal vez por eso el baile y la música han estado siempre presentes en su obra, como en esa escena de Les amants du pont neuf (1991) en la que una Juliette Binoche jovencísima (que un tiempo fuera pareja suya), baila con su actor fetiche, Denis Lavant (siempre Denis Lavant),  sobre el puente parisino, mientras juegos pirotécnicos revientan en el cielo. Una escena poética a todas luces, que más que informar, baila: fuego en el cielo y Binoche saltando con su sueter amarillo que le desubre un poco la piel, Lavant sin camisa haciendo formas eufóricas en el aire al ritmo de Iggy Pop, Public Enemy, Fairuz y  Strauss. O la memorable escena de Mauvaise Sang (1986),   (esa a  la que Noah Baumbach rinde homenaje en Frances Ha (2012)) , en la que Lavant corre y baila en la calle Modern Love, de David Bowie; Carax interrumpe la narración para dar paso a una especie de coreografía que dura una buena parte de la canción (y luego es interrumpida de un golpe seco) en la que Lavant camina raro, corre, salta, e incluso se da una media luna en la calle. Y en esa sola imagen acompañada de la voz y la música de Bowie está la libertad, la modernidad, la euforia y algo más que no se sabe describir pero que indudablemente eriza la piel.

 

Hay un tema al que Leos Carax siempre vuelve: el metacine; en cada filme evidencia de alguna manera los límites de la representación; va más allá de los opuestos binarios realidad- ficción proponiendo una serie de mundos, submundos y realidades que se superponen como las capas de una cebolla, como en Holy Motors (2012),  donde no hay una división clara entre lo real y lo no real, sino una serie de verdades que se transforman constantemente, así como un solo actor que interpreta un millón de personajes.

 

“La introducción del coro es el acto decisivo por el cual fue leal y abiertamente declarada la guerra contra todo naturalismo en el arte” escribió Nietzche en El Origen de La Tragedia. 

En Anette,  el papel del musical no es entretener sino más bien incomodar, evidenciar constantemente los límites de la representación; los diálogos cantados, las coristas fungiendo de  “las masas”   no hacen más que mostrar las costuras de la ficción. O aquella escena en la que Simon Helberg dirige una orquesta mientras intercala comentarios con el público; Helberg  interrumpe la ficción, rompiendo con su rol de director, para, por un pequeño momento que tiene la forma de paréntesis, dirigirse al espectador (cantando) y explicarle la trama. Un irónico juego entre mímesis y diégesis que evidencia el absurdo de la vida y sus posibles intentos de representación.

 

Carax es experto en crear metáforas, y metáforas de las metáforas, y así, ad infinitum. Cada escena, cada imagen, cada situación se presta a múltiples sentidos; sus personajes casi siempre están involucrados en el arte o en el mundo del espectáculo. En Anette, los protagonistas se mueven en mundos (o espectáculos) opuestos. Ann, en tonos azulados y rosa, se desliza en el universo antiguo y sagrado de la ópera, mientras Herny McHenry habita escenarios más modernos, banales,  los del stand up comedy, en los que se respira una atmósfera densa, un tanto pesadillesca, envuelta en humo y monólogos que rozan los límites del humor y la crueldad. Ann y Henry encarnan esas dos formas arquetípicas de la representación, lo antiguo y lo moderno, la tragedia y la comedia;  estos dos seres -que según Nietzche serían perfectas metáforas de lo apolíneo y lo dionisíaco- se juntan como en un mito griego para dar a luz a Anette, la marioneta rara y dulce que de alguna manera encarna el show, el arte en tiempos de instagram, la viralidad de las redes sociales y el excesivo fanatismo dependiente de la cantidad de views. En ese sentido,  Anette es una especie de anti-musical, una suerte de parodia a la cultura del entretenimiento que quizá alcanza su máxima expresión en el género del musical, hijo bastardo de la ópera. 

 

Uno de los pocos comentarios que emitió Leos Carax en el Festival de Cannes sobre Anette fue: “Esta película es el retrato de un hombre que es un mal padre, una mala persona, un mal artista; pero podría haber mil versiones más de esta historia. No veo que en ella haya pizca de indulgencia, tampoco de juicio. Lo que la película defiende es que tienes que luchar por lo que quieres, pero que tienes que ir con cuidado”. Es decir, el retrato de un hombre que comete pecados imperdonables, sobre todo en tiempos donde la moral se dicta en Facebook. Anette es también la historia de un hombre (que de alguna manera es todos los hombres) que no sabe amar y que se ve sorprendido- y condenado- en una sociedad que ya no tolera la violencia de género pero que tampoco sabe cómo manejarla. De ahí los guiños a comediantes modernos tipo Loui CK que han sido celebrados por su humor políticamente incorrecto, pero también duramente condenados por sus conductas machistas que ya no son aceptadas hoy en día. 

 

Es que como varios hombres y mujeres que son el fruto de una sociedad tóxica, Herny McHenry no sabe amar.  Sí, es tóxico, pero sobre todo, está intoxicado. El amor, en su cuerpo imperfecto, enorme, desproporcionado, le desborda; sus emociones le causan un shock que no sabe controlar.  “El amor me vuelve enfermo” . Al contrario de aquella mirada que, ignorando la complejidad humana, se centra únicamente en el juicio, Carax explora un poco sobre el punto de vista del victimario. En ese sentido Anette es la tragedia de un hombre que destruye todo lo que ama, que solo es capaz de ver que su hija es real cuando ya la ha perdido. 

 

Se conoce sobre los guiños autorreferenciales de Carax en sus películas; por ejemplo, cuando en Holy Motors el protagonista se llama Oscar, igual que él (el nombre original de Leos es Oscar); algo parecido sucede en Anette cuando al inicio lo vemos en la película con su hija Nastia, lo cual resulta algo perturbador tomando en cuenta que la trama va sobre un padre explotador y un potencial femicida; las cosas se enturbian aún más cuando descubrimos que la ex mujer de Carax se suicidó en el 2011 “bajo circunstancias desconocidas”. Resulta imposible no asociar este hecho a la trama de sus películas. No solo Anette cuenta la historia de una mujer amada que muere “en circunstancias desconocidas” , en Holy Motors también hay una amante que se suicida. Pero toda esta posible chismografía oscura queda fuera de lugar cuando nos enteramos que el guion de Anette, lejos de ser un ejercicio puramente personal, ha sido concebido años atrás por los hermanos Mael. Anette es una historia que surge desde la música, una trama que ha sido escrita por músicos y puesta en escena por un maestro en convertir la filosofía en imágenes o la música en historias. 

 

Carax nunca ha sido complaciente. Se le agradece el haber creado otra película que incomoda, que no tiene etiqueta posible, que perturba y obliga a pensar; que congela el alma cuando surge la risa, que oscila entre la belleza y el horror, dejando más preguntas que respuestas.

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Roseando https://2021.eurocineecuador.com/roseando/ Thu, 21 Oct 2021 01:25:43 +0000 https://2021.eurocineecuador.com/?p=8974

Por Juan Fernando Andrade* / @pescadoandrade

 

Lo que realmente le interesaba a Rossellini, lo que él pretendía -con esfuerzo y sacrificio- extraer de esto que llamamos experiencia de vida, era la capacidad de entender. 


Así: ser capaz de entender. 

Poder entender, para ser más claros. 

Tener el poder, para ser más precisos.  


Esto lo dijo poco antes de cumplir los 71 años, misma edad a la que murió; y se lo dijo, claro, al YouTuber  más cool de la época (asumo que harto conocido por quienes coinciden en este festival), el español Joaquín Soler Serrano, en el ya escrito en piedra programa A fondo. “La mía era una preocupación de orden moral. Entender las cosas, esa era mi preocupación. La posición de un hombre debe ser de juicio. Y, sobre todo, un gran esfuerzo por entender. Ese es el gran esfuerzo. En cambio, normalmente, se hace de todo por no entender. Porque resulta mucho más fácil manipular a los hombres con las emociones en vez de con la razón. Eso es algo que pude constatar en mi vida. Y es algo que es atávico y proviene de la historia. Es casi ancestral. Y creo que hay que liberarse de eso.”


Otra cosa que dijo esa noche, lo que ahora vendría a ser “poco antes de morir”, entre tabacos y con absoluta seriedad, fue que lo único de lo que le hubiese gustado asegurarse es de haber sido una persona útil.  


Pausa. 

Hagamos los números o, mejor, contemos. 


1 = Entender

2 = Ser útil


Si, como se dice con sospechosa certeza, 1 más 2 son 3, yo no dudaría en seguir la lógica propuesta por esta ecuación. Es decir: 


1(Entender) + 2 (Ser útil) = 3 (Hacer cine)


Lo más emocionante de una retrospectiva o una muestra, como prefieran, es el ambiente que genera: el de la ciudad tomada por un artista, por un cineasta, por un tipo que se ponía terno para salir de su casa y hacer películas. Un autor que también tuvo que filmar para comer (“películas alimentarias”, les decía), y filmó como mejor pudo entender la historia de varias ciudades tomadas; ciudades tomadas por la guerra, tomadas por el amor, tomadas por los personajes y las líneas y los encuadres de Rossellinni, como Quito debería sentirse hoy. 


Es verdad que la muestra (o retrospectiva) debería ser más larga, que uno debería tener más películas de Rossellinni al alcance del bolsillo para pasar más tiempo dentro de ellas y, obvio, más tiempo con él. Y deberíamos tener, también, algo más de morbo: mal que mal, hablamos de un cineasta italiano, no es gente que se guarde muchas cosas. Por ejemplo: un documental muy gráfico de los años que pasó casado con Ingrid Bergman, la mamá de Isabella Rossellini. Con gente tan interesante y tan bella involucrada en este asunto, ¿por qué no incluir un documental (medio-cine/arte-medio-farándula-nacional) que no sea una película del director sino sobre el director? Nada como un buen chisme sobre un neorrealista italiano, dice nadie nunca. 


Así las cosas, recibimos tres películas que de todas las maneras son suficientes para poner a prueba el teorema de Rossellini. ¿Entendió algo? ¿Sirvió para algo?


Venimos de una época dura, estamos aún entre el shock y el trauma y lo que sea que venga después. Muchos dicen que la pandemia fue el equivalente a la Segunda Guerra Mundial para quienes no la vivimos, el evento bisagra, el verdadero quiebre del siglo; y algo sabe Rossellini sobre la guerra y cosas que se derrumban y seguir viviendo cuando pensábamos que ya no habría más vida para vivir. 


Y las preguntas son las mismas: ¿Lo entendió? ¿Fue útil?


Y las dos preguntas se responden de una misma forma: el cine. 


Imagínense estas tres películas sobre la mesa, las latas cayendo de la mesa al piso y sonando (porque puedo) como los Stone Roses en I Am the Resurrection, los rollos desarrollándose de sí mismos pero enrollándose entre ellos. 


Pues bien, hay que agarrar estas películas y medirlas con la vida, poner una cosa al lado de las otras o capaz espalda con espalda; tomar medidas, hacer cálculos, y decidir si en lo que filmó Rossellini hay o no hay verdad. Porque si la hay, si al final o al medio o al principio de su carrera hay verdad, si este hombre pudo entender algo y luego contarlo de tal forma que nosotros lo entendamos también, para buscarlo o evitarlo, da lo mismo, y lo hizo con películas, o sea, creando donde antes no había nada o donde hubo algo que ya nadie recuerda, no cabe la menor duda de que estamos hablando de una persona que fue, sobre todas las cosas, útil a la humanidad.

   

Pienso en un amigo que tiene mi edad y una hija de seis años. Algo que me ha dicho varias veces es esto: mi hija tiene que saber leer y tiene que saber nadar. Aquí hay verdad. Por si no la habían visto o no la conocían, así es y así se ve la verdad: leer y nadar. Rossellini me ha hecho pensar en esto. 

 

*Editor adjunto de la revista Mundo Diners.

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El olvido que seremos (O el calor y el color de la nostalgia) https://2021.eurocineecuador.com/el-olvido-que-seremos-o-el-calor-y-el-color-de-la-nostalgia/ Thu, 21 Oct 2021 01:21:25 +0000 https://2021.eurocineecuador.com/?p=8969

Por: Ana Cristina Franco 

 

De tintura amarillenta, de madera vieja,  de canciones de los Rolling Stones con acento en español, de salsa, de algarabía y sobremesas está tejida la atmósfera de El Olvido que seremos, la  16ava película del apreciado director español Fernando Trueba. La cinta, basada en la novela homónima de Héctor Abad Faciolince, narra la historia del doctor y activista colombiano Héctor Abad.

 

Cuando su padre murió, Hector supo que tenía que escribir su historia; o quizá lo haya sabido antes, desde que observaba las vivencias de su familia con nostalgia anticipada, desde su lugar de único hijo varón entre cinco mujeres y de niño que quiere ser escritor. De alguna manera Hector intuyó que la historia de su padre era también su historia, la historia de su familia, de sus hermanas, de su madre, y claro, la historia de Colombia, o al menos de una parte de ella. Lo cierto es que el libro que escribió resultó un Best Seller que vendió miles copias alrededor del mundo y que también recibió buenas críticas de escritores como de J.M. Coetzee; tanta fue su fama, que nada más y nada menos que el director laureado que recibió un Oscar por La Belle Epoque decidió cumplir el sueño de más de un escritor, hacer una película basada en su libro.  

 

La adaptación de Trueba no está mal, pero está lejos de ser su mejor película (como cierta cítica la ha calificado). A ratos con escenarios demasiado producidos pero interesante al fin y al cabo, sobre todo, por la presencia de Javier Cámara, que sostiene la película como las tortugas sostienen al mundo (y habla como colombiano a la perfección!) .  De cualquier manera la película ha sido bien recibida por la crítica. Hasta ahora , ha sido incluida dentro de la selección oficial del Festival de Cannes 2020, ha ganado el premio al mejor filme del Festival CineHorizontes en Marsella y ha sido galardonada con un premio Goya en la categoría de mejor película iberoamericana.

 

El guion propone dos tiempos; en el presente vemos la historia de un Hector joven que debe interrumpir sus estudios en Italia para volver a Colombia a arreglar asuntos familiares, entonces se enfrenta al pasado de su familia y la relación con su admirado padre, Hector Abad, doctor y activista defensor de los derechos humanos. Aunque no está claro el conflicto dramático la película atrapa por sus personajes, por el ruido de una casa siempre llena donde Hector crece, bendito entre las mujeres, por la monja niñera que cuida a los niños y les dice cosas como “a una monja nunca se debe mirar el pelo”,  pero sobre todo, por la mirada de un Hector niño que cuestiona los valores religiosos abalado por la influencia crítica de un padre que constantemente le impulsa a ser curioso, a interesarse por el arte y la ciencia, pero sobre todo, por los demás seres humanos. Cuando en una ocasión Hector cuestiona a su padre acusándolo de egocéntrico por ayudar en exceso a los demás en vez de mirar hacia su propia familia, este le responde “ningún problema es solo de de los demás”.

 

Tras ser jubilado casi a la fuerza, Hector Abad decide dedicarse a cuidar las rosas de su jardín, pero su talento innato por ayudar y alcanzar justicia social lo llevan a lanzarse para alcalde en una época  en la que Colombia era un país caotizado, marcado por la violencia, los malos gobiernos y el narcotráfico, donde las voces críticas eran acalladas.

Abad nunca se definió como de izquierda o de derecha. Cuando alguna vez se lo preguntan ingenia una hermosa metáfora relacionada al cuerpo humano en la que deja clara que su posición, más allá a amarrarse a una tendencia política, defiende, ante todo, al ser humano.

 

 A la inversa de lo que suele hacerse, Trueba nos muestra el presente en blanco y negro y el pasado a color. Quizá lo haga para combatir el cliché o para contraponer la alegría de la infancia a la desazón del presente. De cualquier modo resulta interesante el reto de mostrar la nostalgia del pasado a colores, sin recurrir al clásico recurso trillado. El blanco y negro consta en el imaginario colectivo como una especie de romantización del pasado; casi parecería que no existió, que fue un sueño o, pero cuando vemos imágenes a color algo nos dice que es real,  que  existió.  Sin embargo estos recursos estéticos a ratos resultan forzados, la exagerada textura a veces parecería comparable a un filtro de Instagram; esto parece jugarle en contra a la película haciendo que a ratos se sienta como una construcción de Colombia un tanto forzada, o quizá vista muy desde fuera,  como una especie de realismo mágico enlatado.

 

Da la sensación, también, que se podría decir más con menos. La película oscila entre lo contemplativo y lo narrativo. Nos lleva por la cotidianidad de la casa, los bailes de las hermanas, las ocurrencias de la monja y una trama que no parece avanzar mucho; desde el punto de vista de la dramaturgia cuesta reconocer un conflicto, pero esto pasa a segundo plano cuando aparece Abad,  un personaje entrañable, cuyo mérito se lo llevan tanto Trueba como Cámara.  

 

El Olvido que seremos, que clausuró fuera de concurso la Sección Oficial de la sexagésimo octava edición del Festival de San Sebastián, es una película cálida, que a pesar de ciertos elementos que podrían saltar, como el exagerado drama o casi melodrama en las escenas climáticas, atrapa por algo que no se ve, quizá sea el calor y el color que destilan sus personajes, o el cariño que se presiente tras la historia.

 

La impronta de Trueba, al igual que la de Abad Faciolince, es la nostalgia.

 

“Ya somos el olvido que seremos.

El polvo elemental que nos ignora

y que fue el rojo Adán y que es ahora

todos los hombres y los que seremos.”

 

Dice uno de los versos de un poema de Jorge Luis Borges. Y es esa materia líquida e invisible la que atraviesa todos los aspectos de la película, un niño que ya no es niño y abraza a un padre que ya se fue, la infancia perdida, la familia que cambia, que se va, los lazos que duran a través del tiempo,  quizá sea eso lo que la convierte en una película especial, y sobre todo, cálida y que indudablemente vale la pena ver.

 

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Druk https://2021.eurocineecuador.com/druk/ Thu, 21 Oct 2021 01:17:10 +0000 https://2021.eurocineecuador.com/?p=8966

Por: Martín González

 

Vivimos en un mundo inundado de sustancias. Sea cual sea su lugar con respecto a la ley, son un elemento relevante de la actualidad. Casi todo el mundo consume alguna de ellas por algún motivo diferente. A veces es para aliviar enfermedades. Otras tantas, para evadir la responsabilidad de curarlas. 

 

En ese panorama, el alcohol ocupa un lugar notable. Todo el mundo lo conoce. No creo que haga falta enlistar cifras para demostrar las aflicciones provocadas por su consumo excesivo, en todo nivel. Tampoco creo que haga falta mucho más que mencionar la sensación de calor y desinhibición de una buena chuma para traerla a la memoria con candidez. 

 

Tanto aquí, como en el resto del mundo, el trago ha sido normalizado y asimilado a la cotidianidad de formas que deberíamos observar mucho más afiladamente. Druk, la última película del director danés Tomas Vinterberg, hace eco de ese llamado de atención desde un lugar muy peculiar y con mucha osadía. “Con esta película, queremos examinar y reconocer la habilidad del alcohol para liberar a las personas”, dice él en una carta de intención, publicada en el portal de los premios de la Academia Europea de Cine.

 

Reconocer la habilidad que el alcohol tiene para liberar a las personas podría sonar fácilmente como un disparate. Y a la vez, no. La película trata de exponer por qué cada uno de esos escenarios tiene sentido. Le toma el pulso a nuestro tiempo, retratando un ángulo muy agudo de la realidad sin temor ni vergüenza. 

 

Para ello, nos sitúa junto a un grupo de cuatro profesores de secundaria que están atravesando la “mediana edad” y que, de una u otra forma, han sido opacados por el peso de su rutina y los años. El protagonista entre ellos es Martin, un profesor de historia que desespera al ver cómo se marchitan su matrimonio, su trabajo y su reflejo. 

 

Para retar a su realidad y reparar su ánimo, los amigos deciden poner a prueba una “teoría científica” que afirma que los seres humanos nacemos con un déficit de 0.5 grados de alcohol en la sangre. Es decir, si bebiéramos hasta mantenernos constantemente en ese nivel, podríamos transitar por la vida siendo más “extrovertidos, musicales y enérgicos”.

 

La “teoría” es, en realidad, una interpretación bastante libre de una cita del psiquiatra noruego Finn Skårderud. Científicamente hablando, no hay ninguna prueba de que esa hipótesis sea verdad, y él tampoco la ha defendido como tal. Sin embargo, en el universo de Druk, esta afirmación motiva a los personajes a convertirse en sujetos de prueba de un ensayo para descubrir si es cierta o no. 

 

“No somos las primeras personas del mundo en beber algo de alcohol durante el día. Hemingway, por ejemplo, bebía todos los días hasta las 8PM y después paraba para poder escribir al día siguiente. Y su trabajo era magistral”. Es así que estos hombres deciden encarar su juego, comparándose con figuras ilustres de la historia que triunfaron en sus campos, a pesar de (o gracias a) que bebían caudalosamente. 

 

Empezar a vivir su cotidianidad en una borrachera constante abre un vórtice excitante de creatividad y adrenalina que, sorprendentemente, tiene resultados virtuosos para estos amigos. Embriagados, literalmente, por fuerzas que no habían sentido en años, deciden progresar con su experimento, tomando en cantidades cada vez más avezadas. Tardarán poco en poner a prueba límites delicados, que hacen que todo a su alrededor se tambalee con brusquedad. 

 

El alcohol es una sustancia inflamable. Alimenta el calor que recorre nuestras entrañas. Puede convertirlo en una llama acogedora, o en un incendio voraz. Es un umbral engañoso. En Druk, la cámara nos encarama justo sobre él, permitiéndonos observar a los personajes en su intimidad mientras cruzan de un lado al otro. 

 

Para ello, nos pone un lente optimista por delante. Las copas se sirven en un entramado de relaciones aparentemente sanas, donde los hombres no temen llorar ni abrazarse entre sí; donde las parejas se entienden y se sostienen, aún cuando su tolerancia se ve puesta a prueba; donde los profesores atienden a sus alumnos con entrega y preocupación sincera por su bienestar emocional. 

 

Aparentemente, en Dinamarca todo eso puede coexistir junto con una cultura que celebra las borracheras desde la pubertad. Quizás por eso el director puede darse el lujo de retratar jovialmente a cuatro hombres maduros que deciden beber mientras dan clases a niños y adolescentes. No obstante, su mirada se vuelve profunda porque tampoco teme mostrar las sombras angustiosas que se proyectan sobre ellos mientras lo hacen.

 

Es por eso que la narrativa logra sostenerse como una examinación del alcohol que va más allá de sus peligros evidentes y que se atreve a mostrar sus posibilidades. Se trata de una declaración arriesgada que sobresale de entre un montón de retóricas mojigatas y avejentadas, que corrompen la naturaleza pretendiendo contenerla.  


Druk nos invita a enfocarnos sin miedo en las emociones que se remueven con cada trago, o con cada abstinencia. Emociones que, en el fondo, están más allá de cualquier sustancia que las alimente, fluyendo en el cauce de nuestro espíritu. La película nos muestra seres humanos que buscan reconciliarse consigo mismos para reencontrar el vigor en su interior. Lo que hacen para ello es como saltar al mar para evitar ahogarse. 

 

Que tome el primer trago quien no haya hecho eso nunca, aunque sea inconscientemente…




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TEDDY (Una película rara) https://2021.eurocineecuador.com/teddy-una-pelicula-rara/ Thu, 21 Oct 2021 00:19:48 +0000 https://2021.eurocineecuador.com/?p=8988
Por: Ana Cristina Franco 

Una mezcla de de terror y naturalismo social es Teddy, el segundo largometraje de los hermanos gemelos franceses Ludovic y Zoran Boukherma (1992). Estos directores tan jóvenes, que estudiaron cine en La Cité du Cinéma y L’École de la Cité, ambas fundadas por Luc Besson, realizaron su primer largometraje, Willy the 1st, cuando sólo tenían 23 años. La película fue presentada por ACID en el Festival de Cine de Cannes de 2016, donde fue bien recibida por la crítica. En su segunda película los hermanos se centran en la temática de la licantropía. No es la primera vez que lo hacen, los gemelos empezaron a interesarse por este tema en su cortometraje La Naissance du Monstre (2017), protagonizado también por Christine Gauthie, actriz que interpreta a Rebecca en Teddy

Teddy cuenta la historia de un adolescente rebelde (interpretado por Anthony Bajon ) que vive en el campo, en Francia. El personaje no resulta empático, todo lo contrario, hay algo que choca en él, quizá una grosería innata o una rebeldía no del todo justificada.  Teddy vive con un tío desadaptado soltero con tendencias alcohólicas y una tía discapacitada. No en vano los guionistas decidieron que el protagonista sea masajista, lo pusieron a tocar cuerpos, no con gracia como lo haría un masajista común, sino más bien con apatía, con hastío, mostrando así una relación atropellada con los cuerpos o un encuentro torpe con la carnalidad. La jefa de Teddy es una cincuentona sensual, que alguna vez intenta obscenamente abusar de él (pero más tarde termina siendo abusada). Quizá el único escape del chico sea su novia Rebecca, con quien comparte un tiempo más íntimo y tierno (con ella es quizá los únicos momentos en los que le vemos sonreír).  De todas formas la película nos muestra un entorno raro. Con personajes raros. En un pueblo raro.  Hay algo torpe, bizarro y desproporcionado, en todos los personajes. En Rebecca y Teddy esto podría tener que ver con los mismos efectos de la adolescencia, cuerpos alargados, en tránsito, que no acaban de pertenecer, los brackets de Rebecca, el acné en su rostro, la cara redonda de Teddy contrapuesta a su inevitable crueldad. Pero ellos no son los únicos raros; todos los que los rodean parecen inadaptados; la jefa, los tíos, los policías. Esto se intensifica cuando una criatura desconocida, quizá un lobo, empieza a arremeter contra los animales del pueblo hasta que tiempo después el propio Teddy es víctima de ella y empieza a sufrir una extraña transformación.  Los hermanos Boukherma nos muestran un pequeño pueblo raro en el que la marginalidad se confunde con el horror.

Teddy, que ha sido distribuida por The Joker Films (misma distribuidora de Parasite) es un retrato de la ruralidad, no desde una perspectiva naturalista, sino más bien metafórica: muestra cómo un pequeño pueblo puede ser una cárcel, la sensación de marginalidad de sus habitantes, la ansiedad por pertenecer. Quizá esto tenga que ver con la infancia de los realizadores,  que crecieron en un pequeño pueblo de Lot-et-Garonne, en Francia. Cuando eran adolescentes confesaron haber querido huir de este lugar para, de alguna manera  “liberarse” de sus orígenes. 

“Cuando creces siendo excluido en los márgenes de la sociedad, puede surgir un sentimiento de ira y manifestarse de muchas formas diferentes. La radicalización es uno de estos, por ejemplo. Convertirse en hombre lobo es otra “. Dijo alguna vez  Zoran Boukherma, uno de los realizadores del filme.

Teddy, extraña mezcla de las diversas influencias de sus guionistas y directores, Truffaut, Spielberg, Dumont, pero también cine gore y video juegos, tiene su punto de giro cuando su protagonista es mordido por alguien o algo, se presume la misma criatura que ha estado matando a los animales. Entonces se empieza a transformar inevitablemente. Su cuerpo se convierte en una masa de impulsos que desconoce. Es que esta película 

también podría leerse como un coming of age con tintes de horror, cuya principal metáfora es la de crecer, pasar de una etapa a otra, y, sobre todo, cambiar de piel, la sorpresa y el horror de mutar, la paradoja de seguir siendo el mismo a pesar de adquirir otro cuerpo. Basta mencionar la escena en la que Teddy está practicándole un cunnilingus a su novia. La situación oscila entre el placer y el miedo, hasta que sucede lo predecible: ella se queja de dolor a causa de unas mordidas de él. A Teddy se le empieza a descontrolar la situación ( ¿Qué es la antropofagia sino la metáfora de la posesión? ¿ Qué sino querer poseer al otro al punto de hacerlo, literalmente propio?) . Asustado de su propio accionar, Teddy va al baño y se mira al espejo: descubre que su lengua ha sufrido una transformación, le han empezado a salir pelos. Asqueado, agarra una afeitadora y se empieza a rasurar. Así de punzante, así de gore, así de incómoda resulta casi toda la película, al punto de estremecer las vísceras, como cuando Teddy arranca un pelo animal de su globo ocular. Todo adquiere más sentido cuando al otro día el adolescente visita al doctor buscando una respuesta biológica a la transformación de su interior. Pero el horror radica en que ahora todo parece normal. Tal como la pesadilla del hipocondríaco, el cuerpo no parece corresponder a los vuelos de la mente. Esta división hace que el individuo (Teddy en este caso) se sienta fragmentado, dividido, por un lado él no solo ve sino que vive una profunda transformación pero a los ojos de los demás no pasa nada. Hasta un punto, porque quizá sería pero que pase, que los otros también vean el monstruo que le atormenta al otro lado del espejo. Y pasa. El pueblo se vuelca contra él. Contra su “rareza” que no es sino el espejo de la de todos. 

Finalmente,  Teddy lucha contra ese cuerpo que se rebela ante una sociedad que odia, intenta vencer esa naturaleza que le desborda y que no entiende ( y que quizá sea la materialización de su inconsciente); pero paradójicamente sucumbe hacia eso que más detesta. Termina diciéndole a su novia que va a convertirse en jefe, que conseguirá trabajo,  que se casarán y tendrán hijos, es decir, que se forzará dolorosamente a la “normalidad” de la que tanto huyó. Se volverá normal para ser amado. Pero ya no hay vuelta atrás. La primera ruptura del corazón ante un frío “ya no te amo” nos revela que el mismo “monstruo” capaz de hincar sus garras en la piel ajena también se arrodilla para llorar ante una mujer. Pero a raíz de esa herida de amor, el monstruo se potencia y, herido, arremete contra lo que ama. 

Teddy es un retrato de esa Francia marginada, que tanto cuesta ver, y también de la dolorosa aceptación de uno mismo, de cómo duele crecer, cambiar, y sobre todo, encajar en una sociedad que es de por sí excluyente. 

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Proyectos Seleccionados https://2021.eurocineecuador.com/proyectos-seleccionados/ Thu, 07 Oct 2021 01:16:52 +0000 https://2021.eurocineecuador.com/?p=8717 Recordando a Agnés https://2021.eurocineecuador.com/recordando-a-agnes/ Thu, 30 Sep 2021 18:00:43 +0000 https://2021.eurocineecuador.com/?p=7309
Por: Alexandra Cuesta
 
No se puede hablar de cine europeo sin mencionar a Agnès Varda. Figura indispensable en la Nouvelle Vague Francesa,  que, sin embargo, hasta hace poco permaneció oculta por el simple hecho de ser mujer. Su mayor dificultad, declaró alguna vez, fue “no renunciar a la maternidad, ni al cine, ni a los hombres”. Aunque el cine fue su principal herramienta de expresión, indagó en la fotografía, la instalación, entre otras plataformas. Mirar fue su pasión. Sus ojos transformaban lo cotidiano en poesía.  “No estoy fuera de la cámara, estoy dentro de ella”, solía decir. A propósito de su muerte reciente, Alexandra Cuesta hace un repaso por su vida y su obra.
 
Hablar del cine de Agnés Varda es hablar también de un espíritu de resiliencia, de eterna juventud y de constante curiosidad, desde ahí se puede explicar su inextinguible creatividad durante casi siete décadas. “Soy curiosa. Punto. Encuentro interés en todo. En la vida real. En la vida falsa. Objetos. Flores. Gatos. Pero más que nada en personas. Si tienes los ojos abiertos y la mente abierta, todo es interesante. El secreto es que no hay secreto.”
 

Su vida, entrelazada con las imágenes que creaba, hacen recuento de una introspección poética y social, y así mismo de su gran placer: mirar. Desde ahí, Varda nos deja un cine que materializa lo íntimo, lo interior, y lo impalpable.

 

Tres fechas marcan su vida, 1928, la de su nacimiento, 1954 su inicio en la carrera cinematográfica, sin que medie una educación formal, y 2019, el año que inscribimos su memoria. Durante una charla que dio en sus últimos años, Varda explicaba no sentirse identificada cuando constantemente la describían como una artista que ha llegado a la cima, o que ha alcanzado maestría, para ella, el concepto del logro connotaba algo que ha terminado. A pesar que en la última década recibió varios honores por su carrera, como Premio de Trayectoria en el Festival de Cannes y en el Berlinale, y un Oscar Honorario por su vida creativa (siendo la primera mujer en la historia en obtener ese premio), en ese momento a sus 85 años sentía que estaba lejos de haber finalizado. Efectivamente, sus últimos cinco años de vida los dedicó a viajar con el artista JR y juntos produjeron Visages/ Villages (2017), un documental que registra sus interacciones con diferentes personajes en la Francia rural.
 
 

 

Estos elogios del mainstream, como lo llamaba ella, nunca fueron su motivación como creadora, y aunque no formaban parte de su motor creativo tampoco fueron una constante durante su carrera.

 

A pesar de que hoy es conocida como la abuela de la Nouvelle Vague, hasta hace poco su trabajo fue invisibilizado dentro de la historia del cine por la presencia y el reconocimiento constante a sus colegas masculinos Godard y Truffaut, quienes por largos años se sostuvieron como iconos de ese movimiento.  No hace mucho que el lente de la crítica enfoca y se detiene en su primer largometraje, Le Point Courte (1954), filmada cinco años antes de las películas seminales de sus contemporáneos, es decir, precursora de esa escuela.
 
Y es que, de cierta manera, Varda, siempre trabajó desde la periferia, a su propio ritmo, perseverantemente y al tiempo reinventándose, y es claro que, en su temática y forma, sus films reflejan este estado. Están hechos desde una visión feminista -ella misma se describía como una “feminista jovial”, y sus películas frecuentemente hacen visible el mundo interior y subjetivo de una mujer. En Cleo de 5 a 7 (1962), su segundo largometraje – observa en tiempo real a una mujer que espera saber los resultados de sus exámenes de cáncer, y mientras como audiencia nos involucramos en la temporalidad cotidiana del personaje, Varda logra transcender el acto narrativo hacia una experiencia afectiva. Frecuentemente en sus films, Varda escoge y se interesa por personajes y por historias que existen en el margen, y a quienes la sociedad ignora, desecha o esconde. Vagabond (1985), tal vez su obra más emblemática dentro de la ficción, tiene como protagonista a una joven mujer indigente quien recorre el sur de Francia en el invierno. El personaje principal es ficticio, sin embrago, Varda juega con elementos documentales, específicamente en su manera de retratar al espacio y al lugar, y también al utilizar testimonios personales como un recurso formal durante la película, dispositivos que investigan a la ficción como un posible documento de lo real.  Estas mixturas entre géneros y estilos evidencian en sus films su necesidad de cuestionar la creación de la imagen en sí, como su interés por resaltar la artificialidad en el cine. Al inicio del nuevo milenio y ante la facilidad con las pequeñas cámaras digitales, se abre para esta cineasta una manera de experimentar con el ensayo poético y personal, cuestión que se visibilizan en los documentales Los Espigadores y la Espigadora (2000)  y Las Playas de Agnes (2008), quizás los más conocidos de su producción que, que van a la par de sus prodigiosos cortos:  Black Panthers (1968), Ulysse (1982), Un minuto por una imagen (1983), entre otros, que forman parte de la cartelera de Eurocine en esta temporada. Esta serie de cortometrajes iluminan su espíritu juvenil y curioso, poético y socialmente consciente, y sobre todo realzan su voz, una voz que celebra y cuestiona, interactúa, ríe y denuncia.
 
El cine de Varda pareciera haber inspirado a Didi-Huberman cuando en su libro Gestos de aire y de piedra insiste en la importancia de darle pausa a la palabra “dejar el espacio necesario a la sombra que se cierra, al fondo que se vuelva, a la indecisión que es también una decisión del aire1 . Sus películas hacen justamente esto, dejan espacio para que la palabra y la imagen, ya sean ficcionales, documentales o autobiográficas, respiren y encuentren su ritmo en ese universo que oscila constantemente entre lo ficticio y lo real, lo político y lo lúdico, lo interior y lo exterior.
 
Cineasta, fotógrafa y artista contemporánea, experimentó a lo largo de su vida con nuevas estrategias narrativas, rompió las convenciones de la ficción y del documental, y mixturó géneros. Por sobre todo, concibió en su arte una mirada honesta, propia e independiente; da cuenta a ello su obra, la cual incluye largometrajes, documentales, una serie de cortos, instalaciones de video, y fotografía.
 

A pesar de que hoy es conocida como la abuela de la Nouvelle Vague, hasta hace poco su trabajo fue invisibilizado dentro de la historia del cine por la presencia y el reconocimiento constante a sus colegas masculinos

 

1 Geroges Didi- Huberman, Gestos de aire y de piedra- Sobre la materia de las imágenes, 2017
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Bases del Taller de Desarrollo de proyectos y Marketing Cinematográfico https://2021.eurocineecuador.com/bases-del-taller-de-desarrollo-de-proyectos-y-marketing-cinematografico/ Sat, 28 Aug 2021 17:29:47 +0000 https://2021.eurocineecuador.com/?p=8306
BASES
QUIENES PUEDEN APLICAR 
 
  • Productores ecuatorianos experimentados que deseen trabajar a escala internacional y crear relaciones creativas y profesionales con Europa.
  • Los productores interesados deben aplicar con un proyecto de ficción en etapa de desarrollo.
Criterios de selección para proyectos participantes
  • Largometrajes de ficción  (para estreno comercial en salas de cine).
  • Proyectos viables para coproducir internacionalmente.
  • El participante debe ser el productor principal del proyecto enviado.
  • Los productores que hayan estrenado ya algún largometraje o cortometraje.
VALOR DE PARTICIPACIÓN
La participación en el taller tendrá un valor de USD. $200,00 (Doscientos dólares americanos) para los productores seleccionados que cubrirán los costos de alimentación durante los 4 días del taller.
REQUISITOS PARA LA APLICACIÓN
Documentos para participar con un proyecto en desarrollo:
Toda la documentación debe ser enviada en un solo PDF.
MATERIAL REQUERIDO
  • Sinopsis (max 1 pag).
  • Tratamiento (max7pag): Punto de giro, climax y resolución.
  • Carta de motivación del proyecto (max 1 pag): Explique por qué desea participar en este taller y cuáles son sus expectativas del mismo. 
  • CV (1 pag) Productor y Director.
  • Nota de intención del productor (max 1 pag): Explique cómo y por qué desea desarrollar este proyecto.
  • Nota de intención del director: Debe expresar la visión artística del director, cómo y por qué quiere dirigir esta película (tono, estilo visual, etc).
  • Breve descripción de la compañía productora y una lista de sus producciones: en desarrollo, pre-producción, producción y ya estrenados (por favor especifique si ha sido distribuido en salas de cine, tv, dvd, vod, etc).
  • Presupuesto estimado (max1 pag).
  • Plan de financiamiento (max 1 pag).
  • Público objetivo (max 1 pag).
  • Estrategia de distribución (max 1 pag): Plataformas de digitales, ventas importantes, socios coproductores, etc.
IMPORTANTE
Fecha límite para enviar sus proyectos 20 de septiembre de 2021.
No se recibirán proyectos fuera de la fecha límite de postulación.
Los proyectos con información incompleta serán desestimados.
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Taller de Desarrollo de proyectos y Marketing Cinematográfico https://2021.eurocineecuador.com/tallerproyectosmkt/ Sat, 28 Aug 2021 16:03:37 +0000 https://2021.eurocineecuador.com/?p=8276
Este año Eurocine en asociación con COPAE (Corporación de Productores Audiovisuales del Ecuador) y EGEDA,  por cuarto año consecutivo llevará a cabo el taller de desarrollo de proyectos y marketing cinematográfico, dictado por EAVE (European Audiovisual Entrepreneurs). Dirigido a productores de cine experimentados que tengan un proyecto de ficción con potencial para ser coproducido a  escala internacional y que deseen crear relaciones profesionales y creativas con Europa.
 
El objetivo de este taller es mejorar las habilidades de los participantes en el desarrollo y marketing de proyectos, brindándoles las herramientas necesarias para tener éxito en el mercado internacional.
 
El taller contará con tutores de alto nivel e implementará la experiencia que EAVE tiene en la capacitación y la creación de redes internacionales, pero tendrá un enfoque hecho a medida de los productores ecuatorianos y a las necesidades de cada proyecto.
 
Un comité técnico, seleccionará un máximo de 10-12 participantes, quienes durante los 4 días del taller recibirán una guía completa en los aspectos fundamentales de desarrollo y marketing de un proyecto cinematográfico bajo la guía de las expertas.
 
Además desarrollarán herramientas de coproducción, marketing, guion y habilidades para trabajar con socios internacionales.
FECHA
El taller se desarrollará del 22 al 25 de octubre de 2021 y la convocatoria estará abierta desde el 27 de agosto al 20 de septiembre de 2021.
SOBRE EAVE ON DEMAND
EAVE es una organización de capacitación profesional, desarrollo de proyectos y redes para productores audiovisuales en Europa. Trabaja con una red mundial de socios en Europa, Rusia, América Latina, el mundo árabe, Asia y África. Esta red comprende más de 1.200 productores, financistas, agentes de ventas, distribuidores, editores de puesta en marcha, etc.. Sus objetivos son proporcionar oportunidades de capacitación profesional y reunir a productores de diferentes regiones del mundo con el objetivo de facilitar las relaciones de coproducción.
PERFIL DE LAS TUTORAS
CONSTANZA ARENA
 
Constanza Arena es licenciada en Estética de la PUC y Comunicadora Audiovisual. Trabajó en cine y publicidad de forma independiente, para luego ingresar a la Televisión Pública (TVN), en donde por siete años desempeñó diversas labores, entre las que destacan la adquisición de contenidos envasados y el análisis de tendencias programáticas internacionales. Actualmente es directora ejecutiva de CinemaChile, la marca sectorial del cine chileno y la producción audiovisual. Esta iniciativa público-privada ha sido reconocida como la plataforma de exportaciones del sector, coordinando la presencia de películas, autores y productores en los principales mercados y festivales del mundo, como Cannes, Berlín y San Sebastián, entre otros.
 
FELICITAS RAFFO
 
Se desarrolló profesionalmente en el Estudio Jurídico Raffo, Dirolli&Asoc., donde trabajó como asesora en temas de producción y en consultaría en el área legal de la industria cinematográfica y videográfica argentina. Simultáneamente estudió producción cinematográfica en el Taller de producción ejecutiva de la Escuela de Cine de Cuba (EICTV), en Buenos Aires Comunicación (BAC) en Argentina, y se graduó como experta en Derecho del Entretenimiento en el Instituto Empresa (IE) en Madrid. En 2005 funda CEPA Audiovisual desde donde ha producido todas sus películas. En 2017 funda LOROLO con sede en España, con la idea de construir un puente con Europa para seguir produciendo películas con Latinoamérica.
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